Tonight’s the night - Neil Young

Mediados de 1os 70´; un tipo de traje blanco, largas melenas y gafas de sol que no permiten ver unos ojos vidriosos pronuncia esa frase ante una audiencia desconcertada….los fans que llenan estadios atraídos por el reclamo de una obra como “Harvest” contemplan como su ídolo ha iniciado su particular descenso a los infiernos cuando todo parecía sonreírle. El éxito parece haberle sumido en una espiral de excesos, de miedos, de emociones turbadoras que amenazan con abandonarlo para siempre en algún punto sin retorno…el viejo caballo loco cabalgaba al galope hacia su propia destrucción, en laberintos mentales repletos de imágenes psicóticas fruto del alcohol y las drogas; Mr. Neil Young renunciaba al éxito y a la fama para encerrarse en su propia mente, buscando inútilmente refugiarse ante el peso de la realidad; Woodstock y el sueño hippie habían quedado atrás; es la hora de rendir cuentas, de despertar a un mundo que destruye todo atisbo de esperanza…es la hora de uno de los discos más crudos y conmovedores de la historia de la música; ha llegado la noche a nuestros corazones…”Tonight´s the night”
Ya durante el proceso de grabación del luminoso “Harvest” la oscuridad comenzaba a cernirse sobre Neil Young; su amigo Danny Whitten, guitarrista original de su grupo de acompañamiento Crazy Horse, sufría un proceso de deterioro físico y mental motivado por el abuso de las drogas. La heroína amenazaba con cobrarse otra víctima de una generación idealista e inconsciente, creativa e ilusa, rebelde y maldita; una generación que soñaba con alcanzar la libertad y terminó esclava de sus propias ilusiones. El dolor por la incierta suerte de su amigo es mostrado por Young en la desgarradora “The needle and the damage done”, grabada en una sola toma para el propio “Harvest”:
“I sing the song
because I love the man
I know that some
of you don’t understand
Milk-blood
to keep from running out.
I’ve seen the needle
and the damage done
A little part of it in everyone
But every junkie’s
like a setting sun”.
Efectivamente, el público parecía no entender nada; la gira de presentación de “Harvest” fue todo lo contrario a lo que la gente esperaba…Neil se dedica a tocar nuevas canciones en lugar de los esperados éxitos, y el delicado sonido del álbum es sustituido por una tormenta de decibelios y descontrol sonoro. La gira comienza a resultar caótica; las relaciones entre los propios músicos se deterioran por momentos, y mantener en el grupo a un Danny Whitten convertido en una sombra de sí mismo es algo imposible. Tal es el deterioro físico y mental del guitarrista, que Young decide enviarle de vuelta a casa con un billete de avión y 50 dólares; el destino quiso que Whitten utilizase esos 50 dólares en comprar la dosis que le mató…

Danny Whitten
La muerte de Danny Whitten en trágicas circunstancias fue un duro golpe para Neil, que siempre se sintió culpable de la situación vivida por su amigo en esos últimos días. Se refugia en su vieja compañera, la botella de tequila “José Cuervo”, y se rodea de sus viejos camaradas de correrías para superar la angustia que le aprisiona. Se encierran en un local de ensayo en Los Ángeles, dispuestos a compartir penurias con alcohol y marihuana a ritmo de rock´n´roll; aunque dicen que las desgracias nunca vienen solas, y en este caso se cumplió la maldición: Bruce Berry, roadie del grupo muy querido por todos, fallece igualmente de sobredosis. El dolor de su pérdida quedó reflejado en la canción que abre y cierra “Tonight´s the night”, de título homónimo:
“It sent a chill
up and down my spine
When I picked up the telephone
And heard that he’d died
out on the mainline”
El ambiente que se respiraba en esas largas noches de dolor, amistad y excesos queda reflejado en estas palabras del propio Neil:
“Tonight´s Is The Night es una carta de sobredosis. Todo trata de vida, droga y muerte. Cuando nosotros tocamos esa música estábamos todos pensando en Danny Whitten y Bruce Berry, dos miembros de nuestra unidad perdidos por sobredosis de caballo. Las sesiones fueron la primera vez que los restos de Crazy Horse se juntaban desde la muerte de Danny. Teníamos que conseguir entre todos la fuerza para llenar el vacío que él dejó. Así que había un montón de vibraciones entre nosotros. Había mucho espíritu en la música que grabábamos. Es divertido, recuerdo toda la experiencia en blanco y negro. Íbamos a los estudios a las cinco de la tarde y empezábamos a colocarnos, bebiendo tequila y jugando al billar. A medianoche, empezábamos a tocar. Y tocábamos por Bruce y Danny en su camino a través de la noche. No soy un yonki, y ni siquiera voy a intentar comprobar como es… pero nos colocábamos, justo en el límite donde nos sentíamos los suficientemente abiertos al ambiente. Era espectral. Probablemente sienta más este álbum más que cualquier cosa que haya hecho nunca”
La catarsis colectiva en la que el grupo intenta desterrar sus demonios internos les lleva no sólo a llorar la muerte de los amigos que quedaron en el camino, sino también a realizar una profunda reflexión sobre los tiempos que corren; lo que empezó siendo un canto a la libertad en los añorados 60´, pura diversión sexual embriagada de sustancias alucinógenas, se convierte en una aceleración vertiginosa hacia la propia destrucción. El consumo de marihuana dio paso a la adicción a drogas más duras, en la inocente convicción de que siempre hay un límite en el que se puede volver atrás. La heroína empezaba a causar las primeras víctimas, y el sueño hippie de paz y amor saltaba hecho pedazos.
La magia de esas noches de locura fue capturada en unas grabaciones excepcionales, que quedaron en principio sepultadas en el recuerdo. Cuando Neil llevó las grabaciones a la compañía, el resultado fue desalentador; los directivos escucharon el disco diez veces seguidas a todo volumen, para terminar concluyendo que no había ningún tema aprovechable. No es que no les gustase, es que directamente lo odiaron. Como consecuencia de ello, el disco no vio la luz hasta dos años más tarde, cuando por fin Young consiguió convencer a la compañía de que era necesario publicarlo.
La portada del disco ya prepara para lo que su incluye en su interior: Neil con traje blanco y gafas oscuras, en una tétrica foto en blanco y negro; en el interior, una foto en grupo de los distintos músicos con su nombre al pie, y un nombre sobre el que se sostiene el vacío: el de Danny Whitten, cuyo fantasma sobrevuela todo el disco.

El interior de la carpeta del álbum; a la derecha, el lugar que deberia ocupar Danny Whitten (con su nombre debajo, aunque no se aprecia en la foto)
El contenido es aún más lúgubre y deprimente; desde las notas iniciales de la primera parte de “Tonight´s the night” la crudeza del sonido y la amargura de los textos se aúnan para trasladar al oyente a un universo de sensaciones aparentemente desagradables: voces derrotadas, instrumentos casi desafinados, ausencia total de proceso de producción… diriase que “Tonight´s the night” estaba especialmente diseñado para el fracaso, tanto comercial como artístico…¿en qué reside pues su encanto? precisamente en su inmediatez; frente en un mundo musical dominado por productos de laboratorio y estrellas prefabricadas, la propuesta de Neil Young supone lo contrario: sonidos directos e imperecederos, disfrute y placer incluso en momentos de dolor, sensación de estar más vivo que nunca sin dejar de mirar a la muerte directamente a los ojos.
La base instrumental del disco se asienta sobre la guitarra cadenciosa de Nils Lofgren, el lamento que emana de la steel guitar de Ben keith y la voz quejumbrosa de Neil; en “Tonight´s the night” canta como si le fuese la vida en ello; su compañera la botella de “José Cuervo” y la tristeza que habita en su alma posibilitan que su voz se vea forzada al llegar a los tonos altos, rompiéndose y desafinándose continuamente… algo que en lugar de resultar hiriente refuerza aun más la sensación de desgarro y emoción; las armonías vocales, a veces descompasadas, son el reverso de la moneda de la era Hippie, el lado oscuro de Mamas and the Papas. Escuchar la voz de Neil en joyas imperecederas como la impresionante “Mellow my mind” o “Borrowed tune” es enterrar bajo una losa el espíritu idealista de los 60´.

Neil Young en concierto. Manchester año 1973
El desencanto y la soledad queda reflejado igualmente en los textos de las canciones; en “Alburquerque” o “Roll another number” Neil reflexiona sobre la idea de aislarse del mundo a solas con sus adicciones, y una canción de hermosa fragilidad como “Tired eyes” relata un asesinato múltiple acontecido durante un trato para la compra de drogas. Como curiosidad, en el álbum se incluye un tema no grabado en esas noches de insomnio y alcohol: “Come on baby let´s go downtown”, la pieza más rockera del disco y que fue grabada en directo por el grupo con la voz del propio Danny Whitten. Su inclusión en la versión final del álbum está motivada por lo premonitorio de la letra:
“Sure enough,
they’ll be sellin’ stuff
When the moon begins to rise.
Pretty bad when
you’re dealin’ with the man,
And the light shines in your eyes”.
“Seguro que estarán vendiendo mierda cuando la luna comienza a levantarse/ Es chungo cuando trapicheas con el tipo/ y la luz brilla en tus ojos”
En definitiva, “Tonight´s the night” es una obra cumbre de la música rock, evocadora de noches de excesos y de añoranza de años de vacía felicidad. Magia, dolor y placer en la punta de un aguja.
Moog. La aventura del sonido
¿Hay alguien en este planeta al que deban rendir pleitesía al mismo tiempo bakalas, fibers y seguidores de Emerson, Lake & Palmer? ¿creen que ello es posible? La respuesta es sí…piensen, piensen… (bakalas absténganse de hacerlo, o les reventará la neurona)…la solución del enigma responde a un nombre extraño, pero conocido para los lectores de esta página: Robert A. Moog, el legendario inventor de los sintetizadores que llevan su nombre.
Por desgracia, el sr. Moog está de actualidad porque hoy mismo nos ha llegado la triste noticia de su fallecimiento, a la edad de 71 años, víctima de un tumor cerebral. Desde Frecuencia Crítica queremos dedicarle unas breves líneas como nuestro pequeño homenaje al hombre que posibilitó que nuestros cerebros volaran a lugares hasta entonces desconocidos; hagamos, por tanto, un poco de historia.
Robert Moog era un joven estudiante de física en la Universidad de Columbia que a finales de los 50´ -principios de los 60´ se dedicaba a hacer lo mismo que todos los estudiantes del mundo (es decir, ir detrás de las chicas) pero con un hobby un tanto peculiar: construir sintetizadores Theremin, unos cacharros fascinantes que funcionaban sin necesidad de ser tocados, moviendo las manos entre dos antenas de metal de tal forma que según el movimiento el sonido es diferente, casi mágico…pero la tendremos la oportunidad de hablar en otra ocasión del funcionamiento y el sonido de este prodigioso invento.

Moog manipulando su trasto
Moog comercializaba los Theremin que construía de una forma divertida; vendía las piezas a 49,95 dólares, incluyendo un manual de montaje (si yo tuviese que ensamblar uno de esos bichos me temo que terminaría sonando como el disco de Mbenge Mota), y lo curioso es que el negocio le iba bien. Pero el genio tenía otras ideas; por aquel entonces, lo más revolucionario en sonido era otro invento surrealista llamado MK2, un modelo experimental de sintetizador cuyo funcionamiento mejor no describir. Con sólo ver la foto adjunta se pueden hacer una idea de las dimensiones y la complejidad del bicho (ocupaba toda una habitación y medía cinco metros de ancho por dos de alto), cuyo coste de fabricación fue de unos 100.000 dólares. Evidentemente, aun faltaba mucho para que el impresentable de King Africa le diese a un botón y sonase su “Paquito el Chocolatero” , y no creo que el cacharro ese fuese demasiado manejable, además de que el precio no es que estuviese precisamente de oferta.

El Mk2…para colocarlo de adorno en el vestíbulo.
Nuestro hombre pensó que él podía hacer un chisme mucho mejor, con mayores posibilidades de aplicación; así, en 1965 presentó en sociedad a su “pequeño”…el Moog, un enorme armario que conectaba los distintos circuitos que generaban y filtraban el sonido mediante cables intercambiables, en plan centralita telefónica, para crear sonidos diferentes. Su coste, sensiblemente inferior al del MK2…11.000 dólares de nada. Una miseria. Aun así, los snobs de la época (que también los había, a pesar de que no había nacido la gran revista de referencia para ellos, la inigualable Snob´s world) se interesaron por experimentar con el nuevo invento, y así nacieron lo que podrían llamarse primeros discos de pop electrónico de la historia: “The In Sound From Way Out” y “Kaleidoscopic Vibrations: Spotlight On The Moog”, cuyos responsables eran un tal Jean Jacques Perrey y un tal Gershon Kingsley respectivamente. Se trataban de versiones de cancioncillas populares con el sonido del Moog, más como curiosidad que como otra cosa (como ustedes comprenderán, no los he oído en mi vida. Según el test de Snob´s World, sigo en la categoría de snob frustrado de por vida).

El Moog modular, el padre de la familia
La gran revolución llegaría con la interpretación que un estudiante de Princeton llamado Walter Carlos hizo de la obra de Joan Sebastián Bach utilizando el Moog, publicada en 1968 en su disco “Switched on Bach”, y que llegaría a ser un considerable éxito de ventas para la época. Walter Carlos tuvo que dejarse las neuronas para conseguir que aquella cosa sonase como una orquesta (se trataba de un sintetizador monofónico), pero el esfuerzo mereció la pena; en este caso sí puedo decir que he escuchado el disco, y que al menos pasará a la posteridad como un documento sonoro de indudable valor. Como dato curioso, y aunque tiene más que ver con “Aquí hay tomate” que con el legendario Moog, comentaremos que si alguien de ustedes intenta ponerse en contacto con Walter Carlos lo tiene difícil, porque Walter ahora es …Wendy.

Wendy Carlos, antes Walter
A partir del trabajo de Walter-Wendy, todo el mundo deseaba tener un Moog al lado de la chimenea; Beatles, Mick Jagger, etc sucumbieron a los encantos del nuevo sonido, si bien Mick Jagger decidió volver a la senda de “You can´t always get what you want” y vendió su chisme a Tangerine Dream, que a su vez convencieron a Kraftwerk para hacerse con otro de esos cacharros. El problema del Moog, por otra parte, era fácil de intuir; era demasiado grande y pesado como para llevárselo de gira, además de que tampoco es que lo regalaran al comprar un kilo de detergente. Robert Moog era consciente de ello, así que empleó su supina inteligencia en reducir el tamaño del bicho…como resultado, en 1970 tuvo lugar la presentación en sociedad del Minimoog: el primer sintetizador portátil, el chisme definitivo.
El Minimoog tenía la enorme ventaja de que era fácilmente transportable, con lo cual todos los grupos de la época que deseaban experimentar algo más que con el LSD querían tener uno. Se fabricaron concretamente 12.242 originales, que hicieron las delicias de sus afortunados propietarios, y su sonido cálido y vibrante se puede encontrar en buena parte de los discos grabados en el período 70-75. El período de gloria del gran Robert A. Moog.

El Minimoog, la joya de la corona
Pero no todo iba a ser tan fácil; otras compañías (Roland, Arp, etc), basándose en los diseños de Moog, crearon una nueva gama de sintetizadores con prestaciones más o menos similares y a un menor precio; Moog diseñó entonces su último cacharro, el Micromoog, el más barato y pequeño de todos, pero ya era tarde: agobiado por las deudas, perdió el control de su propia empresa en 1977, dejando de fabricar sus singulares inventos. No obstante, y gracias al revival sonoro que ha tenido lugar en los últimos años, en 1998 los actuales propietarios de los derechos comenzaron de nuevo la producción del Minimoog, si bien los nuevos trastos pueden carecer del glamour de los originales. Las últimas décadas han visto el nacimiento de todo tipo de trastos, a cual más sofisticado, capaces de generar infinitos sonidos…no obstante, siempre perdurará en la memoria el sonido y el encanto de las creaciones de Moog.
Robert Moog dedicó el resto de su vida a vender theremins y dar conferencias acá y allá; concretamente, en el año 2004 ofreció su última conferencia en España en Barcelona, en el seno de las actividades propias del Sónar. Si existe algún afortunado en la sala que viviera ese momento, le rogamos comparta con nosotros sus vivencias.
Descanse en paz, Sr. Moog. Seguro que Dios está ahora mismo probando ruidos.